Os invito a descubrir un pequeño rincón gastronómico situado en la calle Saragossa de Barcelona!

Es un restaurante con pocas mesas, unas seis, dos de ellas alta y situadas al lado de la barra. Obligado llamar para reservar, porque sino no tendréis mesa!

La carta de platos está escrita en una mini pizarra, que te la dejan encima de la mesa para que vayas leyendo. No es siempre la misma, hay muy buena rotación de platos. La carta de vinos, con mucha variedad de denominaciones de origen, está presente también en una pizarra pero esta de grandes dimensiones! Tiene también cervezas artesanas…muy fan!

Lo llevan dos chicos muy agradables y simpáticos. Uno de ellos es el chef y su compañero se encarga de servirte y explicarte con detalle cada uno de los platos. La verdad es que se agradece que te describan todos los ingredientes y a la vez que te recomienden los más top!

Puedes comer desde un carpaccio de berenjena con queso, una tortilla de bacalao, salmón escabechado con láminas de aguacate, alcachofas con salsa romesco, patatas con huevo y trufa…hasta  tallarinas tailandesas con verduritas. Postres también espectaculares como helado de violeta, trufas de chocolate hechas de cacao puro, torrija con bola de helado de vainilla que no tiene nada que envidiar con otras torrijas…

La verdad es que es un sitio acogedor y una buena opción para ir a cenar con tu pareja o con algún amigo ya sea tanto fin de semana como un día entre semana para desconectar de la rutina. Éramos dos parejas y pedimos 6 platillos para compartir, tres postres también para compartir, una botella de vino y aguas. Muy buena relación calidad precio, os lo recomiendo!!!

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